H I P E R Z O N A

estetica de la intercomunicacion hipermedial

INTERFACEAME BABY

Posted by Canto Rodado on August 10, 2006

DESAFIOS
INTERFACEAME BABY…

La instalación del video y los soportes digitales en el espacio del arte actual, o si se quiere, el encuentro del arte contemporáneo con las herramientas y soportes más consecuentes con su propio discurso, han abierto un amplio espectro de desafíos, y en especial, para mi gusto, han reabierto un tema que parecía zanjado. El estatuto de lo estético en el arte actual. Para algunos estamos simplemente en la era pos-subliminal. Aclaro que no se tratará aquí de hacer corresponder una práctica con, y haciendo reflotar, una categoría del pasado, una especie de reivindicación justiciera nostálgica, sino más bien lo contrario, de averiguar, si las prácticas del arte-mediático, han sabido generar otro tipo de “estética”, que venga a revisar e reinstalar otra categoría de lo estético. Las artes digitales no han renunciado al andamiaje básico del arte que es la confrontación trial entre autor-obra y lector, es más, si hay un dominio donde estas artes han hecho aportes es precisamente en las relaciones entre esta trinidad (como ven la metafísica no está tan lejos).
La posición del lector frente a la obra ya la determinó M Duchamp: “El espectador hace la obra”; o R Barthes “…el Texto exige el intento de abolir, al menos, disminuir la distancia entre escritura y la lectura, o intensificando la proyección del lector hacia el interior de la obra, sino ligando a ambos en una misma práctica significante”, pero creo que se ha avanzado aún más.
Lo digital tiene varias caras y estatutos, pero uno de ellos, el más genérico y básico consiste en introducir una in-diferenciación entre un original y su copia, a lo sumo se puede hablar de clonación. Pero además, este producto queda a merced de posibles alteraciones, pirateos…o interacciones. El lector puede incluso, en algunos casos, sobre todo en la net, pasar de simple espectador consumista, a usuario co-autor, relegando al autor primero a un segundo plano, al rol de simple partner.
Estamos entonces ante un arte dialogante, que se juega por la comunión y no la simple comunicación. Un arte convocante, que pone sus instrumentos a disposición de una operatividad colectiva.
Arte y máquinas jamás!! La maquina suplanta al individuo, no posee sensibilidad y anula nuestra corporeidad. Así reza el salmo anti arte&computación.
No lo creo así en este arte de interfaces, que me obliga a interfacearme (interfaceame baby!) y que me impone una ergonomía interactiva.

El arte procura lejanía del yo” Paul Celán
El objeto de arte sí bien completa su destino en la lectura, en la reapropiación sensible y subjetiva por parte del lector, esta adhesión se lleva a cabo, no en la enajenación del lector con su objeto de lectura, sino en un distanciamiento por parte de este, como condición del constructo que debe realizar en esta operación. Pero esta extrañeza al objeto no significa ni una renuncia a este, ni un salir de este, implica solamente apoderarse de un polo de lectura que conlleva toda obra, la del lenguaje en si, y que al darse por sí, se nos aparece en un corpus. Operación que si bien la lleva a cabo el lector por si solo, consigo mismo, al mismo tiempo, le significará instalarse fuera de sí, en él “se”. Esta dialéctica, este desdoublement da origen a una figura, y creo yo, a una categoría estética, pues es portadora de una conmoción, de un sentimiento de “ajenidad” (Fremde), de la “Extrañeza” (Unheimlichkeit) según Paul Celan.

Llevado al campo específico del cine, me recuerda la hipótesis de J.L. Baudry (“Cinema: effets ideologiques produits par l’appareil de base” in Théories du film, Albatros, Paris,), para quién el aparato de base del cine produce en el espectador, por un lado, una identificación primaria a la cámara, a aquel “ojo trascendental” (teológico), organizador de la representación, y una identificación secundaria al actor o/y a los contenidos simbólicos. En este transitar de una identificación a otra, el espectador/lector debe reproducir el proceso de construcción de la imagen, y para ello debe asumir la posición del alocutor. Esta transpolación de roles, esta movilidad de identificaciones es posible gracias y desde el momento en que la identificación primaria se instala. En este proceso, de doble identificación, se re-activa para Baudry, lo que Lacan describió como el estadio del espejo, fundador del desplazamiento del yo, autorizando el desdoblamiento. El estadio o etapa del espejo, marca el primer intento de construcción del yo, fuera de mi corporeidad, cuando el niño es puesto delante de un espejo por un adulto. La identificación primaria, sería una forma primitiva de constitución del sujeto, sobre el modelo de lo otro, el “se”, y en que el objeto es en un comienzo posicionado como independiente. La identificación secundaria, que es un proceso psicológico por el cual el sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo del otro, o lo otro, y logra transformarse sobre el modelo de este.

Esta dimensión de la extrañeza es con el lenguaje mismo, “El lenguaje que se habla“. Extrañeza sería una manera de apelar aquel desplazamiento, de tanta riqueza operacional, que se instala en el placer del vértigo. Cito a Pablo Oyarzun “La condición de mi ingreso al lenguaje… es la “ley del se” y exige como condición suya el “olvido de sí“, es porque implanta el sistema… del “hablar-más-allá-de-si-mismo“.

¿Cómo se plantea él “se” en las artes digitales?
Aparentemente el “se” es mucho más invasor que en cualquier otra manifestación ya conocida por nosotros. En todo caso la relación queda más al desnudo, más violenta, imposible de esconder. La relación lectura/producción está mediada por las interfaces. En las artes digitales, el instrumento de transito, del “yo” al “se”, es significantemente omnipresente al punto de imponernos obligatoriamente, una revisión y redefinición del estatuto del “espectador” o lector y el de autor. Pero este replantearse esta relación, como veremos, esta atrapada en la condición misma a este tipo de dispositivo: la hibridación.
¿Cuán distribuido subjetivamente, me impone el “interfaceo” con el computador? En el fondo la pregunta es grave, pues se trata nada menos de nuestro aparecer a los otros y cuanto sacrificamos de lo particular. En las artes mediáticas la inscripción del sujeto en la obra es paradójica, “el rol del artista consiste no a expresarse, no a exponerse o desplegar su yo, sino a simbolizar de manera impersonal la idea de la dimensión humana que se manifiesta a través de la tecnología”. El “autor sublime” (de Mario Costa, in Le sublime technologique”, Lausanne, IDERIVE, 1994) sería aquel que aceptaría eclipsarse detrás de su obra, a modo de un sub-autor.
Pero esto no significa que aquel texto esté exento de subjetividad, debido a la declinación de la individualidad, es impersonal pero conlleva una subjetividad genérica. El campo del “se” se enancha, y doblemente, pues el operador, al entrar en una relación interfacial, lo primero que resiente, es que se multiplican, potencialmente sus posibles.

Cuando estamos implicados con un dispositivo interactivo en tiempo real, en que podemos ir cambiando las coordenadas, esta acción que está acompañada de una potencia subjetiva, mientras procesamos y experimentamos el trayecto digital y se concretiza en un objeto virtual. Es decir mientras el sujeto-yo va creando un sujeto-se, tampoco significa que va desapareciendo, pues se va potenciando e identificando en la virtualización. Aquí podemos hablar entonces de una operatoria y un constructo de simulación. Objeto, sujeto e imagen se desafilian, se desjerarquizan. Entre ellos se ha interpuesto el lenguaje de la programación y de las interfaces, que desplazan y sustituyen la posible conmutación entre el mundo real y el virtual. Por lo tanto objeto, sujeto e imagen sé interpenetran, sin fronteras ni jerarquías relacionales nítidas, nace la hibridación. La lógica de la simulación se impone en donde imágenes y modelos se intercambian de roles hasta la indistinción de unos y otros.
Así el “se” y el “yo” abandonan una posición epistémica.
El sujeto mismo duda entre el estatuto objeto y de imagen (el computador nos “percibe” como una imagen), de igual forma que la imagen duda entre el estado de imagen y de objeto. El sujeto ya no permanece más a distancia de la imagen, como en el cara a cara dramático del de la representación, sino que se sumerge; Sé desfocaliza, sé translocaliza, se expande o se condensa, se proyecta de orbita en orbita, navega en un laberinto de bifurcaciones, de cruces, de contactos, a través la membrana osmótica de las interfaces y las mallas sin fronteras de las interredes. El sujeto interfásico es definitivamente más trayecto que sujeto.” (Edmont Couchot- “La technologie dans l’art”-Ed. Jacqueline Chambon-1998)
En el sistema de la representación nos encontramos con que el artista autor y el espectador se encuentran a través de la imagen, y de esa forma se crea una resonancia subjetiva entre ambos. Con las tecnologías digitales se trata más bien de una simulación de resonancia, la Inter- subjetividad se comulga vía la virtualidad.
Un sujeto que concibe un proyecto, va a conservar el estatuto de autor originario, cualquiera sea su responsabilidad técnica, trabajando con su memoria, su historial, con su imaginación y sensibilidad, concebir las interfaces que unirán el computador al mundo real y al espectador. Pero la máquina liberará a este autor de un sinnúmero de operaciones, automatizándolas, y de esa forma lo liberan gran parte de su responsabilidad de autor, responsabilidad que es transferida a la obra misma. Es en esta máquina que ha asumido, parcialmente, “la responsabilidad” autoral de la obra, es que el espectador encontrará la facultad, a su turno, la posibilidad de intervenir o actuar en ella.
Desde el mismo momento que nos acoplamos a un dispositivo o red digital, el sujeto adquiere una especie de ubiquidad dialogica… Podríamos ver inclusive una nueva percepción “sináptica” o “rhizomática”, nacida del acoplamiento hombre/computador/hombre, que nos abrirá un espacio virtual reticular y conectivo, dotado de características topológicas especificas y constituyendo un lugar situado a mitad de camino entre lo individual y lo colectivo, el sujeto y la sociedad.“(E. Couchot-Idem)
Paradojalmente, pues no se trata de una obra digital, he traído a la memoria otro derrotero, otra interfase, el libro de Sybil Brintrup, Los Romances, ella y las lechugas, auque completamente ligada a una producción video y transitada por varias versiones de esta bienal, en que el punto de partida es el lavado de lechugas, es una experiencia táctil, la touche, la fisicidad de la materia vegetal, que determina un punto de partida y su traslación textual a través de la materia tipográfica del libro y la de la imagen video. La obra en el quiasma, que nos obliga a un constante desplazamiento significante, a observar con una nueva óptica.
Entonces la obra virtual, sólo logrará su cometido, cuando este otro autor-lector active su presencia, su mirada y su acción. Por lo tanto, una obra de esta naturaleza, se medirá no en su complejidad técnica, sino en su capacidad de provocar una implicancia individual, personal y subjetiva. La obra en este caso se construye a dos, en la frontera de hibridación del “yo” en el “se“. Así la estética adquiere una dimensión ética.

Néstor Olhagaray
2005

7ª BIENAL DE VIDEO Y NUEVOS MEDIOS DE SANTIAGO

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One Response to “INTERFACEAME BABY”

  1. […] 19 Canto Rodado, DESAFIOS, en H I P E R Z O N A estética de la intercomunicación hipermedial, August 10, 2006. En línea: https://hipermedia.wordpress.com/2006/08/10/interfaceame-baby/ […]

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